S.H.A.M.A.N.E.S – Anne Paceo
En S.H.A.M.A.N.E.S, Anne Paceo parte de una de las combinaciones más antiguas de la música —la voz y la percusión— para preguntarse hasta dónde puede llevarlas desde el presente. Los rituales de Bali, Haití, Siberia y Brasil aparecen en el origen del disco, pero no como recursos que deben replicarse. Paceo los absorbe hasta convertirlos en otra cosa: once piezas en las que el ritmo puede inducir al trance, sostener una canción o desaparecer casi por completo mientras las voces ocupan el espacio.
“Wide Awake” deja clara esa libertad desde el comienzo. La batería de Paceo y el universo metálico de Benjamin Flament construyen un pulso insistente sobre el que la canción avanza con una energía cercana al pop y al rock. Esa apertura importa porque evita cualquier lectura previsible del concepto del álbum: S.H.A.M.A.N.E.S no necesita sonar ancestral para preguntarse por aquello que nos conecta con lo ancestral.
La voz adquiere después otra función. En “Reste un oiseau”, Paceo, Isabel Sörling y Marion Rampal convierten el canto en una extensión del ritmo, mientras Christophe Panzani y Tony Paeleman se integran a una música que parece respirar antes que contar compases. El pájaro que atraviesa el disco como figura espiritual aparece entonces asociado al movimiento, a la posibilidad de escapar y observar el mundo desde otro lugar.
En “Wishes” esa amplitud se contrae hasta dejar expuesta la fragilidad, mientras “Healing” devuelve a la repetición su capacidad de transformar. Aquí resulta decisiva la arquitectura del grupo: Flament no funciona simplemente como segundo baterista, sino que amplía el vocabulario de Paceo mediante su metallófono; Paeleman, entre piano, Fender Rhodes y Bass Station, modifica constantemente la densidad armónica; y los saxofones y el clarinete bajo de Panzani entran y salen del tejido sin reclamar un centro permanente.
“L’Aube” parece emerger de ese estado. Las voces dejan espacios, los instrumentos responden y la música adquiere una cualidad suspendida, como si despertar significara también reconocer aquello que permanece invisible. Para cuando “Travellers” y “Marcher jusqu’à la nuit” conducen el disco hacia su final, el viaje anunciado por el título ya no necesita geografías concretas.
S.H.A.M.A.N.E.S termina hablando menos de rituales que de una necesidad humana que los precede: encontrar mecanismos para atravesar lo que no comprendemos. Anne Paceo encuentra uno en el ritmo, otro en la voz y un tercero en la escucha colectiva. Lo demás ocurre en ese espacio difícil de nombrar que aparece cuando los tres comienzan a respirar juntos.