100 – Escalandrum
100 parte de una obra ampliamente reconocible para llevarla a un territorio donde la memoria deja de ser una obligación. Escalandrum regresa a la música de Astor Piazzolla una década después de Piazzolla Plays Piazzolla, pero lo hace desde un lugar distinto: ya no existe la necesidad de demostrar fidelidad ni de justificar el cruce con el jazz. Las composiciones permanecen intactas en su identidad mientras el sexteto modifica sus tensiones internas, desplaza los acentos y encuentra nuevos espacios para la improvisación.
La formación que el baterista Daniel “Pipi” Piazzolla mantiene junto a Nicolás Guerschberg en piano, Mariano Sívori en contrabajo, Gustavo Musso en saxos alto y soprano, Damián Fogiel en saxo tenor y Martín Pantyrer en saxo barítono y clarinete bajo aprovecha una cualidad fundamental de estas partituras: su capacidad para permanecer abiertas. En “Primavera Porteña” y “Soledad”, las melodías conocidas adquieren otra respiración gracias a una sección rítmica que evita tratarlas como piezas cerradas y a un frente de vientos que amplía el rango armónico sin disolver el dramatismo original.
Esa libertad se vuelve aún más evidente en materiales menos transitados como “La Muralla China” y “Milonga en Re”. Guerschberg, responsable de los arreglos, conserva suficientes marcas del vocabulario de Astor para que la procedencia nunca desaparezca; sin embargo, alrededor de ellas, construye espacios donde cada integrante puede alterar el curso de la pieza. La escritura deja de funcionar como una estructura que debe preservarse y se convierte en un punto de encuentro entre la composición y la intuición.
El disco incluye la introducción de una grabación inédita de Astor Piazzolla realizada en Estudios ION, en Buenos Aires, durante la década de 1970: un solo de bandoneón libre al que el sexteto responde décadas después. El gesto podría haber quedado atrapado en la emoción del archivo, pero ocurre lo contrario. El ensamble toca alrededor de esa voz sin convertirla en reliquia; escucha, interviene y termina transformando una grabación histórica en una conversación imposible en el tiempo.
Grabado entre Abbey Road y Estudios ION, 100 no intenta actualizar a Astor Piazzolla ni conservarlo bajo vidrio. Escalandrum hace algo bastante más difícil: reconoce una herencia, entra en ella con absoluta familiaridad y después se permite desobedecerla. La música permanece viva precisamente porque todavía puede cambiar.