ALAMAR – Ana Carla Maza
Hay una geografía que Ana Carla Maza lleva cosida al nombre: Alamar, barrio habanero donde su madre cubana y su padre chileno en exilio se encontraron, donde ella nació, donde empieza todo.
ALAMAR se sostiene sobre el diálogo entre violonchelo y voz, sin artificios electrónicos. Lo acústico aquí es una convicción: el gesto limpio, el pulso en carne viva. Acompañada por Milly Pérez al piano y Jay Kalo en la batería, Maza construye un espacio donde el bolero, la habanera, el cha-cha-chá, la bossa nova y el jazz suceden como si se tratara de una conversación cotidiana; la forma natural en que una mujer con ese cuerpo de influencias se expresa.
Las nueve composiciones —todas propias, grabadas en los Studios Lautaro, el estudio familiar construido por su padre Carlos Maza— tienen la densidad de lo que se escribe cuando ya no queda otra opción que decirlo. Je t'ai aimé cambia de idioma y de temperatura. Me despido de ti, cierra el círculo con esa economía de quien ha aprendido a perder sin dramatismo. El multilenguaje—español, francés, portugués, inglés— no es decoración: es el mapa real de una vida construida entre continentes.
Lo que hace singular a este disco dentro del jazz contemporáneo latinoamericano es que Maza no intenta resolver la tensión entre tradición y modernidad. La deja abierta, palpitante. El violonchelo es instrumento y percusión, voz y raíz. En sus manos, la música latinoamericana es un organismo que respira.