Dance Kobina – Joe Chambers
Dance Kobina 2023

Dance Kobina – Joe Chambers

No hay rastro de nostalgia ni de autocomplacencia en el regreso de Joe Chambers. A sus más de ochenta años, el baterista y vibrafonista, cuya firma rítmica definió las obras maestras del Blue Note de los sesenta junto a Shorter, Hutcherson y Henderson, entrega con Dance Kobina una obra que late en el presente absoluto. Este tercer trabajo como líder para el sello azul funciona como un puente geográfico e histórico: un registro dividido entre sesiones en Nueva York y Montreal donde el post-bop modal y el pulso del guaguancó afrocubano se fusionan y se revelan como parte de una misma corriente sanguínea.

El disco abre con un trío neoyorquino: "This Is New", un estándar de Kurt Weill que Chambers ya había grabado en 1966 junto a Chick Corea. Aquí, junto a Rick Germanson al piano y Mark Lewandowski en el contrabajo, Chambers deconstruye el swing clásico inyectando sutiles acentos afrolatinos que estiran el tempo con una soltura asombrosa.

El contraste llega de inmediato con la sesión de Montreal en el tema homónimo "Dance Kobina", compuesto por el pianista Andrés Vial. La pieza es una celebración polirrítmica de raíces centroafricanas donde conviven los tambores Ngoma de la congoleña Elli Miller Maboungou, el saxo alto de Caoilainn Power y el vibráfono de Michael Davidson en un tejido denso, hipnótico y profundamente orgánico.

La maestría de Chambers radica en su renuncia al protagonismo; prefiere actuar como el arquitecto invisible que unifica el trayecto. Sus composiciones originales dialogan sin fisuras con el pasado: la bellísima y sutil balada "Ruth" (rescatada de su álbum Mirrors) y la acelerada rumba de "Caravanserai" conviven con "Gazelle Suite", un clásico de su debut de 1974 (The Almoravid) que aquí adquiere una dimensión física y desbordante gracias al uso de bombos legueros y marimbas.

En "Power to the People", el clásico de Joe Henderson, el quinteto de Nueva York alcanza la combustión rítmica. Chambers impulsa desde la batería y el vibráfono mientras Marvin Carter entrega un solo de saxo tenor áspero e incisivo, sostenido por la percusión de Emilio Valdés Cortes. El viaje concluye de vuelta al trío con "Moon Dancer", una pieza de Karl Ratzer en la que el guaguancó y el swing post-bop se entrelazan de manera casi imperceptible en el vibráfono doblado de Chambers

Dance Kobina no busca teorizar sobre el origen común del jazz y la música ritual; simplemente lo demuestra en cada compás, con la lucidez y la elegancia que solo un gigante puede sostener.

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