Rising Son – Takuya Kuroda
En Rising Son, el trompetista Takuya Kuroda entiende el groove como un lugar de encuentro. El afrobeat, el soul, el hip-hop y el jazz no aparecen como referencias que deban reconocerse por separado: conviven dentro de un mismo pulso, sostenido por una banda que sabe cuánto puede decir bajo la repetición. Producido por José James, el debut de Kuroda para Blue Note encuentra su identidad al hacer que distintos lenguajes compartan un cuerpo.
“Rising Son” lo establece desde el comienzo. Nate Smith en batería y Solomon Dorsey en bajo construyen un movimiento circular sobre el que Kris Bowers despliega teclados y Corey King engrosa la línea de metales con su trombón. La trompeta de Kuroda entra después, sin necesidad de imponerse sobre ese entramado. Su sonido es cálido y directo, capaz de sostener una melodía con pocas notas mientras el ritmo continúa transformándose en ella.
En “Piri Piri”, el bajo de Dorsey y la batería de Smith llevan esa lógica minimalista hasta el funk, dejando que Kuroda y King conviertan el intercambio entre trompeta y trombón en parte del propio groove. "Sometime, Somewhere, Somehow” hace lo contrario: dedicada al abuelo de Kuroda, permite que el fliscorno y el trombón de King permanezcan suspendidos sobre el Rhodes de Bowers y un ritmo contenido de Smith. La misma banda que minutos antes empujaba hacia adelante aprende aquí a permanecer inmóvil.
Las versiones de Roy Ayers unifican esa idea de continuidad. En “Everybody Loves the Sunshine”, la voz de José James crea una arquitectura mucho más espesa que la original, extendida durante más de nueve minutos entre bajo, Rhodes y metales. “Green and Gold” reduce más la velocidad y deja que la trompeta revele su textura, cada ataque y cada respiración.
Rising Son apareció en 2014, pero su relación con el tiempo sigue siendo elástica. Kuroda no eligió entre la tradición que había estudiado y los ritmos que escuchaba en ella. Encontró la manera de hacerlos avanzar juntos. El resultado es un disco en el que la sofisticación nunca detiene al cuerpo: todo pensamiento termina convertido en movimiento.