Side-Eye III+ – Pat Metheny
Hay discos que funcionan como declaración y otros que operan como reajuste. Side-Eye III+ pertenece claramente al segundo grupo: no redefine el lenguaje de Pat Metheny, pero sí reorganiza sus elementos dentro de una escala más amplia.
Después de varios años moviéndose en formatos solistas, Metheny regresa aquí a una lógica de ensamble que no se limita al trío base con el pianista Chris Fishman y el baterista Joe Dyson, sino que se expande progresivamente hacia un dispositivo más cercano a la escritura orquestal con la incorporación de múltiples capas a cargo del contrabajo de Daryl Johns, el arpa de Brandee Younger y las percusiones de Luis Conte.
El proyecto Side-Eye, concebido originalmente como plataforma para nuevas generaciones, encuentra aquí una transformación significativa: el gesto ya no es mostrar, sino integrar. El resultado no es un relevo generacional evidente, sino una absorción dentro del lenguaje consolidado de Metheny.
A nivel formal, el álbum se mueve entre estructuras extensas y piezas de desarrollo episódico donde la narrativa no depende de la tensión tradicional del jazz, sino de la acumulación progresiva de capas. En temas como Don’t Look Down o Make a New World, la música avanza por secciones que se pliegan unas sobre otras, alternando momentos de lirismo abierto con pasajes de mayor densidad armónica.
El elemento vocal —articulado a través del ensamble dirigido por Mark Kibble— introduce una dimensión que remite al gospel, pero filtrada por una estética que evita el énfasis directo. No se trata de intensidad emocional inmediata, sino de una expansión del espectro armónico.
Sin embargo, esta misma elección define también el límite del álbum. La búsqueda de una sonoridad amplia y controlada tiende a contener el impulso rítmico, generando una sensación de estabilidad constante que, por momentos, reduce la fricción interna. La música fluye, pero rara vez se desborda.
En ese equilibrio entre control y apertura se sitúa Side-Eye III+: un trabajo que reafirma la identidad de Metheny desde una lógica expansiva, más cercana a la arquitectura del sonido que a la urgencia del gesto.