The Gate – Kurt Elling
The Gate 2011

The Gate – Kurt Elling

Kurt Elling posee una voz capaz de transformar una melodía conocida en una experiencia completamente distinta. Su barítono puede alcanzar una intimidad casi confesional y, segundos después, desplazarse hacia registros que parecen pertenecer a otro instrumento. En The Gate, publicado en 2011 y producido por Don Was, el cantante estadounidense lleva esa libertad a un repertorio que reúne composiciones de King Crimson, The Beatles, Joe Jackson, Stevie Wonder y Herbie Hancock. La procedencia de las canciones pierde importancia frente a una pregunta mucho más interesante: cuánto puede cambiar una melodía cuando alguien encuentra una nueva manera de habitarla.

“Matte Kudasai”, de King Crimson, abre el álbum con una delicadeza extraordinaria. El contrabajo de John Patitucci sostiene una interpretación en la que Elling parece prolongar cada palabra y develar su verdadero peso emocional. En “Norwegian Wood”, la familiaridad de la composición de Lennon y McCartney desaparece entre desplazamientos rítmicos, armonías vocales y la guitarra eléctrica de John McLean. Ambas piezas revelan una misma curiosidad musical, aunque llegan a lugares completamente diferentes.

La relación con el pianista y arreglista Laurence Hobgood resulta fundamental para comprender esa búsqueda. En “Blue in Green”, la célebre composición asociada a Miles Davis y Bill Evans, la voz encuentra una profundidad conmovedora, mientras que “Samurai Cowboy”, construida a partir de una pieza del contrabajista Marc Johnson, permite escuchar otra faceta del cantante: percusiva, juguetona y cercana a la improvisación instrumental, acompañada por el saxofón tenor de Bob Mintzer. Con Terreon Gully y Kobie Watkins alternándose en la batería y Lenny Castro aportando las percusiones, el grupo responde a cada transformación con una naturalidad que hace olvidar la complejidad de los arreglos.

El recorrido termina con “Nighttown, Lady Bright”, una composición de Don Grolnick en la que Elling incorpora palabras de Duke Ellington y versos propios para evocar la vida de un músico de jazz. Durante nueve minutos, su voz transita entre el canto y la oratoria, como si quisiera prolongar una conversación antes de despedirse. Después de escuchar The Gate, resulta difícil volver a algunas de estas canciones sin recordar lo que Kurt Elling descubrió en ellas.

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