Tree Falls – Taylor Eigsti
El silencio discográfico de once años como líder fue más que un paso al costado, para Taylor Eigsti, significó una acumulación de perspectivas. Con Tree Falls, Eigsti está lejos de querer encajar en los márgenes estrictos del formato; su música despliega una paleta sónica en la que la sofisticación acústica convive con texturas electrónicas.
Su piano opera como el núcleo de una arquitectura híbrida, capaz de mutar de la intimidad solista a densidades de carácter orquestal.
El ensamble se estructura en torno a la rítmica de Eric Harland en la batería y de David Ginyard en el bajo eléctrico, un motor sobre el que Charles Altura edifica los solos de guitarra. El tejido se vuelve más complejo con los vientos de Ben Wendel y Sam Sadigursky, así como con un trío de cuerdas integrado por Emilie-Anne Gendron, Nathan Schram y Hamilton Berry que lleva la escritura de Eigsti hacia una dimensión sinfónica. A este ensamble se suman las voces de Gretchen Parlato, Becca Stevens y Casey Abrams, quienes utilizan su instrumento como líneas melódicas cuando la improvisación descansa.
Tree Falls se consolida como un manifiesto de madurez creativa que disuelve las fronteras entre el jazz contemporáneo y la exploración instrumental. El título del álbum funciona como una alusión directa a esa larga ausencia: si un árbol cae en el bosque y nadie está ahí para escucharlo, ¿realmente hace ruido? Eigsti rompe el aislamiento bajo la premisa de que la música no termina de completarse hasta que se comparte. Tree Falls es el acto deliberado de abrir las puertas a un mapa sonoro profundamente íntimo que demandaba dejar de suceder en secreto.