Woodwork – Matthew Stevens
Woodwork 2015

Woodwork – Matthew Stevens

La guitarra de Matthew Stevens tiene una cualidad poco común: incluso cuando se amplifica, conserva algo del contacto directo entre los dedos, las cuerdas y la madera. En Woodwork, su debut como líder publicado en 2015, esa cercanía se convierte en una forma de entender la música. El título alude al trabajo artesanal, a la posibilidad de transformar materiales existentes en algo irrepetible. Stevens traslada esa idea a doce composiciones donde conviven el jazz contemporáneo, el rock, el folk y la improvisación, sin que ninguna de esas influencias termine por imponerse sobre las demás.

El guitarrista encuentra en Gerald Clayton al piano, Vicente Archer al contrabajo, Eric Doob en la batería y Paulo Stagnaro en las percusiones un grupo capaz de darle profundidad a esa búsqueda. La relación entre Stevens y Clayton resulta especialmente interesante: sus instrumentos comparten el espacio armónico, pero también se provocan y se dejan respirar. En “Star L.A.”, el pulso de Archer y Doob sostiene una melodía que parece avanzar con naturalidad hasta que los intercambios entre guitarra y piano comienzan a cambiar de dirección. La complejidad aparece sin interrumpir el movimiento.

Hay una intimidad distinta en “Brothers”, interpretada en trío con una guitarra acústica que perteneció a Pete Seeger. Se escuchan la resonancia de la caja, el roce de los dedos y pequeños detalles que habitualmente se pierden en la amplificación. Esa atención al sonido también permite comprender la libertad con la que Stevens aborda “Sunday”, de David Bowie, desplazando la canción hacia un territorio de texturas eléctricas e improvisación sin perder su carácter introspectivo.

Quizá lo más atractivo de Woodwork sea la manera en que una música cuidadosamente construida puede conservar la sensación de ser interpretada por primera vez. Stevens escribe melodías que permanecen en la memoria, pero deja suficiente espacio para que sus compañeros las transformen. La guitarra puede ser delicada, áspera, luminosa o casi percusiva; lo que permanece es la curiosidad de un músico que parece encontrar nuevas posibilidades cada vez que vuelve a tocar una cuerda.

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