Agnes Darelid: simbiosis entre su voz y el trombón en RISE
La música custodia recuerdos, pérdidas, sentimientos y colores que solo hallan su descripción a través de un instrumento, el cual se ha erigido de manera natural como una extensión de la voz y la mente. La simbiosis entre ambos —la intérprete y su trombón— solo es posible comprenderla al sumergirse en los sonidos que emanan de esa química. Estas conversaciones musicales, nacidas en la intimidad, resuenan en quien las escucha; en un instante, las capas y emociones percibidas por ella se transforman en elementos compartidos con la audiencia.

Como revela la portada, allí está ella: Agnes Darelid junto a su trombón, un instrumento que ha mutado en un lenguaje instintivo. "A menudo me he preguntado por qué deseaba estudiar improvisación y música. Es porque amo tanto esta arte que necesito entender lo que hago. Quiero saber por qué me atraen ciertos sonidos, por qué ciertas notas me hablan o por qué me muevo en una dirección específica al escuchar una melodía". Aunque su origen se encuentra en Suecia, su voz se alza con fuerza en la escena del jazz contemporáneo global. "Para mí, el trombón ha sido un desafío. Al principio lo sentía como una herramienta que debía dominar; pero cuanto más toco y más segura me siento, éste se convierte en algo que me expande en lugar de algo que debo alcanzar. Se siente como una extensión de mi voz. Busco que las ideas, pensamientos o sentimientos en mi cabeza estén lo más conectados posible al instrumento. Cuando lo logro, me siento verdaderamente en sintonía".
RISE, su álbum debut, está impregnado de memorias personales y familiares transformadas en un rico paisaje sonoro. Las nueve composiciones revelan improvisaciones, melodías y colaboraciones con músicos como la percusionista Liliana Zavala y el saxofonista Johan Christoffersen. Juntos, aspiran a conectar con una audiencia dispuesta a descubrir a este talento nórdico emergente que comenzó a componer mientras se sumergía en los ritmos del jazz. Sobre su proceso creativo, la artista reflexiona: "Empecé a escribir música mientras estudiaba en el programa de jazz del Royal College en Estocolmo. Sin embargo, con la llegada de la pandemia, me detuve. Fue como si se me escapara el aire; solo deseaba estar dentro de una banda y tocar la música de otros". Finalmente, mientras el mundo encontraba su nueva normalidad, ella logró reconectar con su esencia creativa para canalizarla en su obra.
Durante su infancia, Agnes observaba a su hermana tocar la trompeta en orquestas de metales. Motivada por esa imagen, su madre tomó prestado el trombón de su abuelo cuando ella apenas tenía siete años. Crecer en una comunidad donde la música y las orquestas representaban un tesoro compartido la moldeó profundamente como la compositora que es hoy. Al reflexionar sobre su trayectoria, añade: "Dos años después del inicio de la pandemia, comencé a escribir de nuevo por diversión —piezas breves y reelaboraciones de material antiguo, sin un objetivo particular—. De repente, me sentí muy inspirada y quise interpretar mi propia música. Formé la banda, tuvimos nuestro primer concierto y el apoyo de todos en el grupo fue inmenso. Me emocioné y decidí reservar una sesión de grabación, lo que derivó en la creación de RISE". El álbum invita a los escuchas a sumergirse en la fluida interacción del piano, el contrabajo, la batería y la trompeta, demostrando cómo el quinteto expande continuamente los límites de la progresión musical.
RISE es una puerta abierta para explorar cómo Darelid transita desde la partitura hacia los sonidos expresivos de su propia voz. "Hago algunos refuerzos vocales en Anten. Es la única pista donde quise añadir un matiz de producción diferente; no solo instrumentos, sino algo más. La voz se sintió como una extensión natural". Anten es un lago en Suecia y la canción está inspirada en los veranos de la juventud de su madre. "Tenía la idea de crear un gran paisaje sonoro, casi como si pudieras ver el cielo, los árboles y los colores de la naturaleza", explica Darelid. "Quería capturar eso en el sonido, así que añadí algunas voces grabadas por capas con mi trombón para crear un efecto similar a un coro de metales. Es una dimensión adicional para la pieza". Esta sutil adición enriquece la profundidad sónica del tema y mantiene a la audiencia sumergida en la atmósfera.
Su viaje creativo solo puede entenderse plenamente al examinar la influencia que el jazz ha tenido en su enfoque musical. "Este género me abrió los ojos; me permitió contribuir a la música y crear mientras toco, en lugar de solo interpretar notas de una partitura. Me presentó una forma de ejecución que no había experimentado antes. En la secundaria me enfoqué mucho en la música de orquesta; sin embargo, una vez que empecé a improvisar, descubrí el potencial de aportar algo nuevo nacido de mi propia creatividad". En la actualidad, Agnes trata el escenario como un lienzo donde expresa su mundo interior y forja conexiones profundas con los músicos que lo comparten con ella.
Al traducir sus emociones al lenguaje musical, estas evolucionan a medida que transitan de un instrumento a otro: "Experimento con conceptos, como la forma en que los acordes o las melodías se mueven armónicamente. A veces grabo una idea al piano y toco sobre ella. Casi siempre comienzo con un punto de referencia, ya sea un groove, un sentimiento o un músico específico. En ocasiones, un ritmo de batería particular es lo que me inspira a comprometerme con una dirección".
Las posibilidades que encuentra al considerar a los miembros de su banda son infinitas, lo que le permite sumergirse en diferentes ritmos, estilos y capas. "Al pensar en mi quinteto, por ejemplo, puedo sentir que cierto músico añadiría un color único. Eso abre nuevas direcciones a las que no iría por instinto y expande mis opciones compositivas. Para captar la imagen completa de la obra, me gusta escuchar las armonías y cómo se conectan las notas. La voz y el trombón son muy similares, así que los mantengo lo más vinculados posible. Si puedo cantarlo, puedo tocarlo".
RISE, de Agnes Darelid, desafía a quienes afirman que no existen nuevas propuestas musicales. Su profunda conexión con el instrumento la consolida como una artista esencial en la escena nórdica: una voz que exige ser escuchada, analizada y sentida. Cada pista despliega capas de significado que invitan a la exploración. Mientras suena la música, surgen interrogantes inevitables: ¿Por qué esta melodía resuena con tanta fuerza? ¿Pueden sus sentimientos y los del escucha entrelazarse a pesar de la distancia? ¿Cómo cobrarán vida estas canciones en un escenario? Solo a través de la escucha atenta del álbum comenzarán a revelarse las respuestas.