Ancient Infinity Orchestra: la libertad de estar juntos
Me acerco a mí mismo en el momento en que decido caminar hacia ti. Pasamos gran parte de nuestra vida intentando comprender quiénes somos como individuos, solo para descubrir que tus pasos y los míos crean un hermoso sonido sincopado sobre la hierba. La libertad suele imaginarse como la ausencia de los demás; sin embargo, quizá consista en tener el poder de escuchar nuestro propio paso sin olvidar las incontables huellas que hacen posible esta melodía.

Hay un momento en el que la individualidad deja de significar aislamiento. Puede ocurrir en una conversación, en la amistad o, simplemente, en el instinto de escuchar antes de ser escuchado. La música vuelve tangible ese momento: vidas distintas que llegan con sus propias historias, referencias y maneras de entender el sonido y, de pronto, comparten un mismo espacio sin renunciar a aquello que las hace únicas.
Para Ancient Infinity Orchestra, ese encuentro suele comenzar con una propuesta. “Supongo que llevo algunas ideas escritas y quizá tengo mi propia perspectiva sobre cómo deberían sonar”, explica el líder y contrabajista Ozzy Moysey. “Pero después, naturalmente, todos tenemos nuestras opiniones sobre elementos que podrían funcionar o sobre lo que podríamos hacer con la música.”
Lo que sucede posteriormente con cada composición tiene menos que ver con seguir una ruta predeterminada que con permitir que una aparezca. “La tocamos una y otra vez, y las cosas van encontrando su lugar”, dice el pianista Hugh Vincent. “Aportas tu propia voz. Las composiciones de Ozzy son muy buenas para este tipo de cosas y para aportar tu propia práctica y creatividad a la pieza.” Así reduce la idea a su esencia: “Ese es el objetivo de toda la música, en toda la música improvisada.”
Ese instinto colaborativo encontró hasta ahora su audiencia más amplia desde que la banda firmó con Gondwana Records. “Antes de que nos firmaran, era difícil conseguir que siquiera unas cuantas personas fueran a alguno de nuestros conciertos en Leeds”, recuerda Moysey. “Incluso dentro de Leeds, creo que a la gente le gusta esa validación de que esto, de algún modo, ha sido aprobado por alguien más fuera de la propia banda. Entonces, de repente, empezamos a agotar las entradas de nuestros shows.” Ese es el contexto en el que el grupo presenta ahora su nuevo álbum, It’s Always About Liberation.
Un álbum que, como la propia orquesta, se niega a permanecer inmóvil. Desde la composición hasta la grabación y, finalmente, el escenario, sus piezas continúan evolucionando. “Puede ir a lugares más alocados”, admite Vincent. El clarinetista bajo y percusionista Joel Stedman describe las grabaciones como “versiones muy enfocadas de cada pieza”, pero dice que recientemente la banda ha comenzado a explorar qué ocurre cuando flexibiliza esos límites. “Hay muchos improvisadores realmente buenos en la banda, mucha gente encantada de hacer solos largos y llevar las piezas a lugares completamente diferentes.”
“Hemos estado jugando un poco más con la idea de tener más apertura cuando tocamos en vivo”, continúa Stedman. “Es algo con lo que hemos estado experimentando: extender algunas de las piezas en directo.” A veces, eso significa permitir que una composición gire temporalmente alrededor de un solo músico: “Quizá una pieza se convierta en una especie de momento especial para un integrante del ensamble.”
Para Moysey, tocar juntos también implica algo que existe más allá de las propias notas. “Esperas, creo, generar una mejor conexión entre nosotros y con todos los que están en la sala”, dice. “Te estás congregando en una tradición humana sagrada: la de reunirse y hacer algo juntos”.
Su conclusión es sencilla: “La conexión es el objetivo. Amor y liberación.”
Esa tradición se extiende mucho más allá de las personas que ocupan la sala en este momento. Para ellos, el sonido de la orquesta lleva consigo rastros de Alice Coltrane, Pharoah Sanders y Sun Ra, además de tradiciones musicales de otras partes del mundo. En “Celebrating the Beautiful Lineage of Sound & Hypnotic States”, una pieza del nuevo álbum, un ritmo gnawa de África occidental pasa a formar parte de esa paleta de sonidos.“Aportamos a la música todas las influencias que habitan en nosotros”.




Para Stedman, el jazz es una herencia ligada a un sentido de pertenencia mucho más personal. “Es la música que más amo. Es donde me siento en casa. Saca lo mejor de mí y es donde siento que pertenezco musicalmente.” Pero su manera de entender esa relación cambió cuando comenzó a mirar más allá de lo que había aprendido en la escuela de música. “Hay una separación entre la música y el lugar del que proviene socialmente. Su origen no se reconoce lo suficiente. Siempre es algo teórico.” Aprender sobre la música afroamericana significó enfrentarse a esa distancia. “Cuando empiezas a aprender sobre la música afroamericana y comienzas a entender de dónde viene, porque no es nuestra tradición, al mismo tiempo hay algo bueno en poder maravillarse ante ella.” Descubrir que también existe una tradición europea le permitió comprender “cómo encajas en un panorama más amplio.”
Ese panorama más amplio se extiende hasta la propia improvisación. “El jazz y la improvisación son una sensibilidad y una forma de vida, una manera de acercarse a la música y también a todo tipo de arte”, dice Vincent. Stedman llega a una idea similar a través de las relaciones humanas: “Cuanto más aprendes sobre el mundo y sobre cómo se relacionan las personas entre sí, más sentido adquiere la improvisación en la práctica”. Para él, las posibilidades de la improvisación se vuelven tangibles cuando músicos que quizá no compartan historia ni cultura se encuentran en el escenario.“Me parece increíble que músicos de culturas diferentes puedan tocar juntos. Me encanta conocer gente por primera vez cuando tocamos en jam sessions. Es un lenguaje común.”
Un lenguaje común no existe al margen del mundo en el que se habla. “Es casi imposible separar la creación artística del mundo, ¿no?” reflexiona Vincent. “No puedes separarla de los acontecimientos mundiales ni de las cosas horribles que suceden en el planeta. Así que todo eso va a influir en cómo tocas y en cómo compones.”
Para Moysey, esa relación entre el mundo y la música no es abstracta. Recuerda estar en casa mientras se desarrollaban las protestas en Irán, intentando comprender lo que ocurría principalmente a través de Instagram. “Nadie lo estaba televisando”, dice. En aquel momento, una mujer iraní vivía en la misma casa mientras su familia permanecía en Irán. “La gente simplemente era masacrada en las calles cuando salía.” De aquella experiencia surgió “Iran”, una pieza que la banda toca ahora en vivo y que está dedicada, en palabras de Moysey, “a la valentía de esas personas que se enfrentaron al régimen, por millones, en las calles.”
Es en esa tensión —entre ser testigo de la opresión y ser incapaz de detenerla— donde Moysey encuentra el silencioso desafío de la creatividad. Al recordar una idea con la que se encontró acerca de la alegría como oposición a la opresión, llega a algo elemental: “Creo que estar en un estado creativo es algo gozoso. Así que creo que el simple hecho de poder crear, sea lo que sea, es una forma de luchar contra eso.” Su invitación es igual de directa: “Dejemos que la creatividad tenga la última palabra frente a todas estas cosas horrendas que suceden todo el tiempo.”
La liberación, entonces, adquiere un sentido más concreto. Para Moysey, comienza con “poder hacer lo que quieres hacer con el precioso tiempo que tienes para existir.” El jazz entra inevitablemente en su manera de entender esa libertad. “Es una creación afroamericana, pero transformaron algo que era profundamente opresivo para ellos en un regalo para toda la humanidad, para siempre.” La capacidad de esa música para trascender las circunstancias en las que surgió también ha marcado su propia vida: “Lo que sea que hayan creado me ha liberado, incluso cuando estoy en una situación diferente, al otro lado del océano.”
Para Moysey, al final todo se reduce a algo sencillo: “La liberación es expresar tu creatividad sin ser juzgado ni sentir miedo”.
Incluso en tiempos convulsos, hay quienes deciden entregarse al arte. Para Ancient Infinity Orchestra, eso significa, primero, reconocer al otro: decenas de instrumentos compartiendo un mismo espacio, sin que ninguno necesite silenciar al otro para ser escuchado. A través de la improvisación encuentran el gozo de esa coexistencia, permitiendo que cada voz conserve su singularidad mientras se convierte en parte de algo más grande. Y quizá sea ahí donde encuentran la libertad de estar juntos: crear mundos imaginarios donde la diferencia no sea algo que haya que superar, sino la razón misma por la que esos mundos pueden existir. Universos que no pertenecen por completo a nadie y que desaparecen en el momento en que la música deja de sonar.