Cecilie Strange: transformar la naturaleza en improvisación
Las raíces de este árbol se extienden más allá del borde de la tierra; sus ramas y hojas se han transformado en sonido. Las notas improvisadas son el sustrato que hace crecer el tronco. Una señal sonora de que la primavera ha llegado y, mientras la música se despliega, el círculo se cierra.

Guiada por la práctica de estar conectada con la naturaleza, Cecilie Strange interpreta musicalmente los elementos de la atmósfera que la rodea. "Este álbum trata sobre el árbol haya (beech), que es un símbolo de mis raíces danesas, donde crecí", explica. Su identidad sonora se extiende mucho más allá de esta inspiración arbórea. Beech es un proyecto marcado por la memoria y la renovación: "Un tributo a los lugares que me inspiraron, como Islandia, Nueva York y Noruega, sitios que me causaron una gran impresión. También es un símbolo de nuevos comienzos".
Como la luz que se filtra a través de las hojas, los recuerdos encienden la música. Cecilie creció en una casa llena de música, según describe: "Mi padre era guitarrista clásico y mi madre siempre estaba cantando". Como muchos niños de su generación, tomó clases de piano clásico. "En aquel entonces, nadie tocaba instrumentos de viento metal, pero mi escuela empezó una clase de saxofón y mi padre dijo: '¿No quieres probarlo?'. Todavía recuerdo cuando llegué a casa; tenía 12 años y estaba impactada. Pensé: 'Vaya, este instrumento es increíble'". Muchos años después, como revela la portada, se encuentra allí: sumergida bajo la sombra del haya, sosteniendo el saxo. Un retrato que cobra vida al escuchar las seis pistas.
Ahora, al lanzar su quinto álbum como líder de banda, la conexión que Strange ha desarrollado con el saxofón es insustituible. "Creo que una de las cosas que me gusta es que es muy parecido a la voz. Me siento muy conectada con la idea de poner mi voz en el instrumento, cantando melodías a través de él", afirma. Mientras suena la música, se hace evidente que esta simbiosis comienza con la voz y se extiende hacia lo que ella percibe del mundo externo. La capacidad de asombro está presente en cada canción, ya sea en los ritmos, los silencios o las respiraciones. "También disfruto que haya tanto por explorar: sonidos, efectos y armónicos. Para mí, sigue siendo un viaje de descubrimiento del instrumento. Paso mucho tiempo trabajando, intentando encontrar el tono adecuado con la boquilla, la caña y el propio cuerno del sax. Me encanta explorar diferentes técnicas, capas y texturas".
Fiel al espíritu del jazz, sus composiciones permanecen abiertas a lo desconocido. “Cinco de las seis piezas son improvisadas en torno a ciertas experiencias. Se trata de entrar en esa zona donde no sabes qué va a pasar pero tus oídos están completamente abiertos. Esa curiosidad y esa escucha profunda son importantes, no solo para mí sino para la música en sí”. Su universo sonoro crece a partir de la experiencia personal y cobra vida en el estudio de grabación junto al pianista Peter Rosendal, el bajista Thommy Andersson, el baterista Jakob Høyer y la vocalista Josefine Cronholm. Juntos, interpretan y coexisten en un lienzo musical lleno de paisajes. “Es como si te hicieras a un lado, pusieras a todos en igualdad de condiciones y luego tuvieras que escuchar los unos a los otros para que la música tome cuerpo, para encontrar su forma, su impresión, su expresión, para contar una historia”.
La quinta canción tomo su forma en Islandia. Estuve sobre un glaciar y sentí algo muy especial: una conexión con el hielo y una reflexión sobre lo que está ocurriendo con el clima. Me encontré preguntándome: ¿Dónde estará este hielo en 20 años?
Cuando llega la primavera, es posible comer las primeras hojas del haya; según ella, un recordatorio de que los días buenos han llegado. Para Cecilie Strange, esta primavera no se trata solo del sabor de las hojas sino de las experiencias que la han traído hasta aquí.
“Este álbum es la pieza final de una tetralogía; era necesario cerrar ese círculo. Perdí a mi padre cuando era adolescente; él me inspiró enormemente porque estaba profundamente conectado con el poder de ser músico. Le encantaba serlo y me transmitió ese amor”. Su padre la animó a tocar el saxofón y le regaló su primer álbum de jazz.
“Esa pérdida y la presencia de mis seres más queridos —mi madre, mi hermana, mis abuelos, mi esposo y mis hijos— han dado forma a las cuatro creaciones”, recuerda. “En los tres álbumes anteriores tengo canciones dedicadas a la maternidad, a personas específicas, a la vida y la muerte y a situaciones del entorno global. Pero para mí, este último debía tratar sobre mis raíces: de dónde vengo y los lugares y la naturaleza que me han rodeado a lo largo de los años”.
Con Beech, Cecilie Strange cierra un círculo profundamente personal, arraigado en la memoria, los paisajes y el crecimiento. Al igual que el árbol al que honra, la música permanece quieta y se mueve a la vez: cimentada en su pasado y extendiéndose suavemente hacia lo que está por venir. El álbum es un bosque en el que te adentras o la copa de un árbol que anhelas alcanzar. Beech es una invitación a su estado más íntimo.