Jacob Djursaa: la arquitectura de un sueño sonoro
Jacob Djursaa

Jacob Djursaa: la arquitectura de un sueño sonoro

En el reino onírico, es posible saltar al vacío: un espacio infinito donde la imaginación y la creatividad no conocen límites. De las profundidades del sueño surge el poder de manifestar composiciones que brotan de la mente inconsciente, dotando de forma a ideas abstractas mediante un lenguaje universal. El resultado: un álbum diseñado para quienes buscan explorar diversas texturas sonoras.

Portada del disco Drømmesyn
Drømmesyn 2024

El privilegio de una doble vida: la que se habita y la que se sueña. En el panorama de la música contemporánea, existe un álbum que invita al oyente a experimentar esta dualidad: Drømmesyn, un término danés que se traduce como visión onírica. "Puede parecer un concepto simple, pero para mí, estas ideas musicales a menudo surgen de forma espontánea mientras toco; no siempre estoy seguro de su origen. Esa incertidumbre es, precisamente, lo que me atrae de la palabra", explica el guitarrista danés Jacob Djursaa, quien recientemente ha revelado su primera grabación: un espacio donde el tiempo se disuelve en un flujo etéreo.

Para comprender verdaderamente el viaje musical de Jacob, es necesario trasladarse a Dinamarca, su tierra natal. "Mi padre es profesor de música en una escuela secundaria. Siempre hubo música en casa durante mi infancia; todo tipo de géneros, especialmente clásica, aunque yo no tocaba de niño. Creo que aprendí piano solo para poder improvisar". La música fue una expresión ordinaria en su vida hasta que descubrió las seis cuerdas. «Un día, mi padre dejó su guitarra y me preguntó si quería probarla. Lo hice y pensé: esto es genial. He estado tocando desde entonces, intentando interpretar canciones que me gustaban en aquel momento —rockmetal, piezas antiguas y nuevas y, por supuesto, algo de clásica— hasta que descubrí el jazz y, simplemente, quise integrarlo todo".

Además de la influencia paterna, la trayectoria de Djursaa posee un sólido fundamento académico. Formado en los conservatorios de Copenhague, Odense y Aarhus, complementó su aprendizaje en Nueva York bajo la tutela de figuras como Ben MonderLage Lund y Chris Cheek. "Me gradué hace tres años. Por aquel entonces, tocaba con diversas bandas y grababa algunas improvisaciones, pero aún no me había sumergido en el proceso del registro fonográfico. Presenté mis composiciones a muchos músicos cercanos para obtener una perspectiva crítica sobre mi obra".

Afortunadamente, en esta visión onírica, Jacob no transita solo. Lo acompañan Thomas Fryland en la trompeta, Dan Hjorth al piano, Samuel Kiel en el contrabajo y Nikolaj Bangsgaard en la batería. Este quinteto ha erigido un refugio sonoro donde el oyente puede sumergirse en una atmósfera de calma y progresión constante. "Estos músicos encarnan un paisaje cromático; pintan con el sonido. Los elegí por su capacidad de aportar una dimensión extra a estos temas". Su propuesta se nutre de la tradición del jazz contemporáneo y la música folclórica nórdica. "Para mí, el proceso compositivo suele ser ágil; brota de la improvisación para luego ser refinado, arreglado y vertido en partituras tradicionales".

En esta etapa inaugural de su carrera, Jacob se enfrenta a los imperativos de la industria actual: alcanzar audiencias globales en la era de las plataformas musicales y la sobreexposición de contenidos. Si los músicos no fueran auténticos soñadores, ¿se aventurarían a publicar un álbum de jazz? La respuesta es afirmativa: la improvisación trasciende cualquier ensoñación. "Para mí, improvisar significa habitar el presente e intentar crear melodías y texturas; es el acto de escuchar lo que emerge en el instante. Una liberación, un flujo de energía —especialmente frente al público— que emana directamente del cuerpo".

La mística impregna tanto la música como el título del álbum. La riqueza de su lengua materna le permitió hallar un término que captura la esencia de estas melodías, las cuales solo terminan de comprenderse tras la escucha. Drømmesyn encarna un sueño, una pintura y un refugio: un espacio donde las visiones difusas se funden con la consciencia a través del sonido. Las composiciones de Jacob Djursaa evocan una paradójica sensación de soledad entre la multitud, al tiempo que fomentan una conexión profunda en la intimidad. Cada pieza permite desentrañar las visiones abstractas que residen en nuestro interior.

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