Kathrine Windfeld: de la big band a la intimidad del sexteto
El arte de sincronizar el proceso creativo con los ritmos de la vida: en el universo musical, cada álbum es una instantánea del viaje de un artista, que captura sus pensamientos, emociones y experiencias. Las melodías nacen en la intimidad y se vuelven colectivas, transformándose en la banda sonora de innumerables vidas. Desde ese momento, compositores y audiencias comparten el espacio-tiempo bajo un mismo compás.

Existen palabras destinadas a adquirir significados invaluables según el contexto que las rodea. Para algunos, es una estrella; para otros, el álbum definitivo para comprender la evolución artística de una pianista. "ALDEBARAN es mi álbum más sensible. Me encanta escribir material potente y sigo haciéndolo, pero quizá me he vuelto más madura. Por ahora, creo que está bien; se siente genial escribir y tocar melodías más emocionales porque tengo mucha energía".
Las palabras pertenecen a Kathrine Windfeld, quien —por primera vez— lanzó un álbum con su sexteto. "En muchos de mis álbumes de big band pensaba que era agradable escribir piezas con una estructura potente y sigo amando esa adrenalina, el poder del movimiento rápido y las sorpresas. Pero este álbum es el más sensible y se siente bien incluir algunas baladas. Hay cuatro temas suaves en el disco y esa es la gran diferencia con mis proyectos anteriores. Creo que el público puede notar que he crecido como compositora: me he centrado en la sensibilidad y la versatilidad. He intentado poner todos los matices en la música, así que espero que la gente sienta que todos los sentimientos, todas las estaciones del año y todas las texturas están presentes en este nuevo trabajo".
ALDEBARAN es una estrella en la constelación zodiacal de Tauro. Para Kathrine Windfeld, es una palabra poderosa y misteriosa. Lo cierto es que a partir de ahora es también un título que permite a los oyentes acercarse a un nuevo lenguaje musical de la compositora danesa. "Este ensamble solo existe desde hace cuatro años; es una banda fantástica. Cuando escribo para mi sexteto, tengo una imagen clara de los distintos músicos en mente. Sé exactamente cómo suena cada uno de los instrumentos. La primera vez que toqué con esta formación, sentí que estos chicos me entendían al cien por ciento o más. Les doy los temas y no es necesario explicar nada. Ellos comprenden mis visiones e ideas y llevan la música al siguiente nivel".
En la evolución musical de Kathrine Windfeld hay un aspecto crítico que permanece inalterable. Su liderazgo predomina independientemente del tamaño del ensamble. "Me encanta tocar con mi big band; hay muchos colores y es como escribir una película: historias en la gran pantalla y largas narraciones épicas. Pero con el sexteto hay una cierta flexibilidad y todo es más transparente". A veces, los instrumentos parecen dialogar, mientras que en otros momentos se sitúan en paralelo y crean un espacio profundo por el que es posible navegar. "La sección rítmica tiene un papel fundamental aquí; el bajo y la batería se escuchan mucho más claros. Si doy una señal, solo hay cinco personas que necesitan mirarme y entonces podemos hacer algo espontáneo".
Los músicos pueden crear paisajes sonoros que resuenan con el flujo temporal de la vida e infundir sus composiciones con los ciclos de la naturaleza y los misterios del cosmos. Bajo este contexto, la música de ALDEBARAN no es la excepción. "Creo que todos los seres humanos estamos interesados en las cosas que no podemos comprender, como lo más profundo del mar y el universo. Estos lugares no solo nos hacen cuestionarnos, también despiertan nuestra fantasía porque no podemos captarlos ni verlos; son simplemente una fuente abierta de imaginación". A través de ocho canciones, Kathrine Windfeld revela sus curiosidades e inspiraciones. En todo momento, su piano es el vehículo con el que navega por los distintos puntos cardinales. "Cuando compones música, tienes que tener una imaginación muy alerta; tienes que estar en contacto con tu creatividad e inspiración. Por eso creo que los artistas se sienten atraídos por estos lugares increíbles que no podemos descubrir. Tenemos que crear imágenes de ellos en nuestra mente".
La música actúa como el vínculo esencial entre mi cuerpo y mi existencia. Si paso demasiado tiempo sin interpretarla, comienzo a sentirme transparente, como si careciera de un hogar. Es en la ausencia del sonido cuando realmente comprendo su magnitud; sin la música, experimento un vacío absoluto
Detrás de la belleza que encierran los conceptos de este proyecto hay una palabra que debe destacarse: tensión. "No quiero ser una artista comercial porque, como artista, no puedo cambiar el mundo. No puedo cambiar el hecho de que haya tanta crueldad a nuestro alrededor, pero al menos puedo expresar con mi música que no estoy satisfecha con la forma en que son las cosas. Por lo tanto, si fuera una artista comercial y solo escribiera melodías muy acogedoras para una cena, de alguna manera estaría afirmando que todo está genial y que la vida es agradable. Quiero reflexionar sobre la desesperación, la tristeza y la desigualdad en la Tierra. Por supuesto, si realmente quisiera cambiar el mundo, no debería ser músico; debería ser médica o política. Pero tengo que ser músico; eso es lo que necesito hacer". La tensión que Kathrine captura en sus composiciones comienza como un diálogo entre los instrumentos y se transforma en un sentimiento al que solo es posible acceder al escuchar el álbum.
Para Kathrine, cada canción tiene un color; en su mente, el verde predomina sobre los demás. El mar, Júpiter, sueños esquivos y una ciudad ucraniana son elementos presentes en sus composiciones. Sin embargo, ninguno de ellos podría existir sin una variante fundamental: la improvisación. "Amo la improvisación; amo el color y el sonido del jazz. Cuando tocaba piano clásico, extrañaba la parte imperfecta. Por supuesto, aspiramos a ser ambiciosos, pero las cosas no tienen que ser inmaculadas. Me inspira mucho la música clásica y la disciplina, pero la parte interpretativa del jazz es perfecta para mí porque tiene la conversación: la rigurosidad de los diálogos y luego la explosión de los solos. Por eso tengo grupos grandes; tengo mi big band y mi sexteto porque me encanta escribir grandes cuentos de hadas".
El sonido que surge de este sexteto debe analizarse a partir de las capacidades individuales de quienes lo integran y, sobre todo, bajo la dirección de quien lleva la batuta. "Ellos dominan las baladas y el material libre, furioso y de ritmo rápido. Por lo tanto, son capaces de hacer casi cualquier cosa. No son solo monstruos técnicos —pueden tocar muy rápido— sino que, lo más importante, tienen un espíritu profundo. Eso es lo que busco: músicos con un gran sonido y técnica. Pero, ante todo, necesitan entender mi visión".
Kathrine Windfeld nos muestra que el dinamismo puede ser una constante en el acto de crear. ALDEBARAN se posiciona como un lugar seguro al que podemos regresar cuando queremos romper con la monotonía. En él nos unimos a un diálogo que viaja entre territorios inexplorados y preocupaciones genuinas. Un sexteto que nos deja una pregunta abierta: ¿cómo suenan cuando tocan en vivo?