Muca & Roberto Menescal: un estado mental llamado BELEZA
Hay palabras y melodías que estamos destinados a habitar. Quizá sea por su ritmo, por la textura de su sonido o por la cadencia secreta que esconde sus significados. A veces, todo nace de esa necesidad de explicar —o quizás de justificar— nuestra propia realidad. Aquí, la clave reside en el origen: una sola palabra se convierte en un mundo entero. Es un cuenco que alberga raíces, la celebración íntima de la existencia y la compleja arquitectura de los vínculos personales. Como bien sugiere la portada, este disco es un ejercicio de diversidad: no solo de instrumentos y voces, sino también de memorias, estados de ánimo y géneros musicales que se entrelazan. Estas seis letras, pronunciadas millones de veces en millones de vidas distintas, han dejado de ser solo una definición para convertirse en una forma de existir en el mundo. Lo que empezó siendo apenas un recurso del lenguaje ha terminado por convertirse en una atmósfera y, quizás, en tu próximo álbum favorito: BELEZA.

Beleza. En portugués, la palabra va mucho más allá de ser un simple sinónimo de belleza; es una declaración de paz, una apertura al mundo y una elección vital, serena y positiva. Es un estado de ánimo que transforma lo cotidiano en algo que merece la pena experimentar. Desde febrero de 2023, esta idea ha alimentado un anhelo constante: tender un puente entre el pulso rítmico de Londres y la esencia de Brasil. Para Muca, el estudio se convirtió en ese refugio donde la memoria se traduce en melodía. "Tras vivir durante 16 años en Europa, empecé a echar de menos Brasil con mayor intensidad", recuerda, "y comprendí que la mejor forma de conectar con mi país era a través de la música". Fue en medio de esa búsqueda creativa —en la búsqueda de esa beleza— donde su visión terminó de cristalizar: un disco ideado no solo para evocar el hogar, sino también para recuperarlo a través de las notas.
Más allá del título, se esconde un viaje de reconexión: un diálogo intergeneracional tejido entre las guitarras de Muca y Roberto Menescal. Separado de su natal São Paulo por miles de kilómetros, Muca se encontró trabajando con uno de los arquitectos fundamentales de la bossa nova, transformando un anhelo personal en una conversación musical compartida.
"Como persona, músico y productor, puedo dividir mi vida en un antes y un después de conocer a Roberto Menescal", comparte Muca. "La primera lección que aprendí de él —quien tenía 84 años cuando nos conocimos— ocurrió tras un concierto en un pequeño club de jazz de Londres. Tras conversar un poco, descubrí que seguía totalmente abierto a nuevos proyectos: un deseo inagotable de mantenerse activo, impulsado por una curiosidad inmensa ante una buena idea. ¿Haber trabajado profesionalmente en la música durante sesenta años y mantener ese nivel de apertura? Es una lección de vida que no tiene precio."
Cuatro años después de aquel encuentro inicial, quedó claro que sus enseñanzas eran solo el punto de partida. Para Muca y Menescal, la maestría reside en la voluntad de no perder nunca la capacidad de asombro. "Siempre he tenido la idea de que, en la música, uno debería estar como en el agua: casi perdiendo el pie, perdiendo el equilibrio. Es ahí donde ocurre la magia. Si dentro del agua no tienes dónde apoyarte, experimentarás el caos; pero si te sientes demasiado seguro, tampoco vas a crear nada realmente especial."
Si el agua representa el riesgo necesario para crear, el proceso de BELEZA se convirtió en su inmersión más profunda. Desde el inicio, Muca se propuso un desafío ambicioso: doce canciones, cada una interpretada por una voz femenina distinta. "Imagínate el reto de articular un álbum con cuatro letristas y doce cantantes diferentes: ¿cómo lograr que todo suene como un mismo disco? Fue una labor ardua, pero creo que el disco fluye con una coherencia natural."
Lograr esa cohesión, sin embargo, exigió mucho más que una intuición musical; requirió una arquitectura precisa. Muca experimenta la composición en términos sensoriales: "A veces, al escuchar música, la gente visualiza colores", explica. "En mi caso, puedo escuchar una pista y experimentar diversas temperaturas. Percibo cuando un sonido evoca una tarde gris, fría y ligeramente lluviosa, o, por el contrario, algo muy azul, fresco y veraniego."
Al tratar cada tema como un estudio —como el boceto preparatorio de un pintor—, Muca dotó a cada canción de un viaje musical completo. "Cada pista se convirtió en un arco narrativo con una introducción, un desarrollo y una resolución." Ese enfoque narrativo se nutrió de sus años en Europa. Aunque el disco está profundamente arraigado en el pulso rítmico de Brasil, Muca entrelazó estas tradiciones con la paleta sonora del jazz contemporáneo británico, del folk y de la electrónica.
"Quería hacer un álbum que sonara único sin caer en la pretensión", afirma Muca. Tenía claro desde el principio que el proyecto debía mantener un equilibrio que reflejara su propia vida: doce canciones, perfectamente divididas entre seis en inglés y seis en portugués, cada una arropada por una voz femenina distinta.
Más allá de la visión artística, surgió el desafío logístico de llevarlo a cabo. Cuando Muca compartió por primera vez su plan de trabajar con doce cantantes distintas, Menescal fue claro: "Hombre, estás loco. ¿Seguro que quieres hacer un álbum con doce cantantes?" Era una valoración muy acertada. Ejecutar BELEZA significaba gestionar doce órbitas creativas distintas: doce contratos, interminables cadenas de correos y doce sesiones de grabación únicas en dos continentes.
El desafío fue mucho más allá de las sesiones. Encontrar las voces adecuadas se convirtió en una de las partes más exigentes del proyecto. "¿Cómo íbamos a dar con esas cantantes?", reflexiona Muca. "Descubrí nuevas artistas de las que nunca había oído hablar porque me vi obligado a profundizar. Escuché unas 200 voces durante el proceso."






Las voces detrás de las sesiones en portugués: Ilessi, Mirella Costa, Josyara, Joia Luz, Fabiana Cozza y Amanda Maria
La búsqueda nunca se limitó a la destreza técnica, sino al arte de buscar artistas capaces de honrar la tradición mientras abrazaban el espíritu de apertura que Muca y Menescal imaginaron.
Este equilibrio entre estructura e instinto está profundamente arraigado en la propia evolución de Muca como guitarrista. Su formación comenzó bajo la disciplina del rigor clásico a los diecisiete años. "Todo era tan meticuloso", reflexiona, "con ejercicios que debías repetir una y otra vez. Se necesita una mentalidad férrea para practicar durante horas si quieres dominar el instrumento."
Sin embargo, con el tiempo, Muca se ha apartado de lo puramente mecánico para adentrarse en un enfoque más intuitivo. "En mi caso, me siento más conectado con lo etéreo que con las habilidades técnicas", explica. "Me encanta tocar la guitarra sin pensar; es como si las ideas fluyeran desde otro lugar. Como seres humanos, tendemos a racionalizarlo todo, pero si consigues abrirte al universo, puedes recolectar esas ideas que flotan en el aire."
Como guitarrista, esa filosofía se traduce en un estilo que privilegia la melodía, la atmósfera y la narrativa por encima del virtuosismo. Su trabajo en BELEZA —respectivamente la interacción con la guitarra acústica de Roberto Menescal— destaca este enfoque. "No se lo he dicho a nadie todavía, pero el álbum contiene cerca de ocho solos de guitarra y ninguno es un alarde pretencioso. Son, simplemente, parte de la narrativa." Al centrarse en texturas ambientales y en la resonancia melódica en lugar de en la velocidad, Muca ha creado un álbum en el que la guitarra sirve a la historia, mezclando sus exploraciones contemporáneas con el lenguaje poético de la bossa nova de su mentor.
"Esta capacidad de dejar que la guitarra respire —saber cuándo dar un paso atrás y dejar que el silencio hable— es algo que he tenido que aprender." Esa búsqueda de equilibrio se extendió más allá de las cuerdas; se convirtió en parte de la identidad bilingüe del álbum. "Quería que BELEZA fuera un espejo de mi propia vida: las sesiones en portugués conectan con mis raíces, mientras que las de inglés actúan como un puente hacia la realidad que vivo hoy."
Con el concepto ya definido, el siguiente reto fue encontrar voces capaces de habitarlo. "Buscaba artistas que no solo dominaran el idioma, sino que además entendieran el paisaje emocional al que aspiraba". Esa búsqueda llevó a Muca a colaboraciones inesperadas. "Ser productor me permitió identificar instintivamente qué pista encajaría perfectamente con la voz de cada cantante. Por ejemplo, Liana Flores fue la última en sumarse al álbum. Tenía una pieza específica que sentía especial y, al escucharla, supe que era ella. Luego descubrí que tiene raíces brasileñas, lo cual fue la cereza del pastel. Su madre es brasileña, pero ella nació y se formó en Inglaterra; representa exactamente ese puente que quería construir".
Esa misma apertura dio forma a su colaboración con Alice SK. "Originalmente, ella envió la voz para una de las pistas, pero le pedí que también escribiera más letras para el álbum. Creo que es maravilloso abrirse a ese tipo de sinergias". Como señala Muca, "no buscaba simplemente cantantes para rellenar espacios; buscaba un equipo. Cada voz debía aportar una nueva narrativa al mosaico sonoro que estábamos construyendo, asegurando que cada canción se sintiera como una extensión natural de la música."






Las voces detrás de las sesiones en inglés: Liana Flores, Sahra, anaiis, Sofia Grant, Alice SK, and Heidi Vogel
Al final, BELEZA se convirtió en algo más que una palabra: se transformó en un punto de encuentro entre dos generaciones. Más que un álbum, es un testimonio del poder de la comunidad; un espacio donde la tradición y la modernidad, la disciplina y la libertad etérea, coexisten en armonía. Ya sea en portugués o en inglés, BELEZA sigue siendo lo que siempre ha sido: un sentimiento.