Niklas Paschburg: el portal sonoro entre los Alpes y Oaxaca
Frente a las montañas, es posible encontrar un portal que conecta dos mundos distintos. Los contrastes se desdibujan ante la luz de las diversas fases de la luna. No hay necesidad de consultar la rosa de los vientos: los puntos cardinales convergen a medida que avanza la música. Las coordenadas siempre van a diferir, pero los ritmos electrónicos son capaces de disolver la distancia que hay entre las tierras de Suiza y Oaxaca.

Al igual que la luz del sol revela texturas ocultas en la naturaleza, su música devela una conexión paralela entre regiones distantes. Mexican Alps, la geografía sonora de Niklas Paschburg, representa más que un EP: es un proyecto moldeado por la improvisación, grabaciones de campo y una nueva libertad lejos del piano. "Comenzó en 2023, cuando me invitaron a tocar en un festival en Oaxaca. Nunca antes había estado en México", explica. "Me quedé allí para buscar un lugar donde escribir nueva música. Cuando viajo, siempre compongo; me inspiro en los paisajes y el mundo natural y esta vez me fascinó la vitalidad de la ciudad".
Desde su llegada, Paschburg experimentó el contraste entre las noches tranquilas y el vibrante caos del Día de Muertos. Alejado del peso familiar de su instrumento, aceptó el reto de componer en un paisaje desconocido. “Normalmente compongo con mi piano, pero esta vez solo llevaba mis sintetizadores conmigo”, describe. En las montañas remotas, se enfrentó a nuevas preguntas: “¿Qué pasa si no empiezo con el piano? ¿Y si me dejo llevar, trabajando solo con sonidos y texturas?”. Este cambio provocó un avance creativo. “Me abrió muchas puertas”, afirma. “Empecé a experimentar más, centrándome en el sonido y la improvisación”.
Tras sumergirse en las texturas sonoras del estado de Oaxaca, Niklas viajó miles de kilómetros para completar el proyecto en los Alpes suizos. “Son lugares completamente diferentes, pero creo que se puede crear una conexión entre Suiza y México. Para mí, las montañas y la naturaleza fueron el puente que unió a estos dos países tan distintos”. Este diálogo con la tierra transformó su proceso e integró grabaciones de campo —tambores de las calles de Oaxaca, susurros de los vientos alpinos— y experimentos con sintetizadores en un paisaje sonoro que captura tanto el caos como la calma de su entorno. “En noviembre, México era cálido y estaba lleno de color mientras que Suiza seguía nevada; contrastes que encontraron su camino en cada pista”.
Esta geografía rítmica contiene coordenadas personales. Junto a grabaciones ambientales y sintetizadores, Paschburg presenta un instrumento que trasciende la simple descripción. “El acordeón pertenecía a mi abuelo; él era capitán en barcos de carga y viajaba por el mundo; un instrumento compacto, fácil de llevar en sus travesías”.
En Mexican Alps, Niklas cambia las corrientes del océano por la majestuosidad de las montañas y descubre así una nueva narrativa en su trabajo. “Cuando pienso en el acordeón, imagino géneros específicos, como la música francesa, así que tuve que encontrar mi propia manera de incorporarlo”, recuerda. “Ahora, se ha convertido en algo parecido a una voz en mi obra. Yo no canto, pero el acordeón tiene una cualidad vocal. Funciona con aire y, en ese sentido, respira. Se convirtió en un instrumento esencial en mi proceso creativo”.
La improvisación trata sobre la libertad. Para mí, es la parte más poderosa de la música, porque solo existe en ese instante. No se trata de lo que has ensayado, escrito o imaginado antes. Especialmente en un concierto, es fascinante estar plenamente presente y construir algo desde la nada. Surgen nuevas ideas que tal vez no vuelvan a aparecer y probablemente nunca las toques de la misma manera. Esa singularidad —ese sentido de algo vivo e irrepetible— es lo que me parece tan especial.
El contexto de este proyecto se extiende más allá del emblemático monte Cervino suizo y de los agaves mexicanos que aparecen en el collage de Mikhail Siskoff para la portada del álbum. Los títulos de las pistas sirven como guías que anclan las texturas abstractas de la música en lugares reales: experiencias vividas. “Ried-Brig es el nombre del lugar donde me quedé en Suiza”, señala, ejemplificando cómo cada pieza se despliega como un capítulo que evoca escenas, emociones y atmósferas específicas. Esta no es solo una colección de canciones; es un mundo sonoro independiente edificado con los ecos de su viaje.
La pista Oaxaca de Juárez captura el profundo significado que el ciclo de la vida tiene en la cultura mexicana. “El Día de Muertos me causó una profunda impresión: la forma en que la vida y la muerte coexisten en una celebración tan vibrante y hermosa”. Inspirado por los coloridos altares y el espíritu comunitario, creó un paisaje sonoro que abre con un ambiente de desfile cuyo ritmo hace eco de la alegría y la reverencia del recuerdo. “Me fascinó cómo la gente honra a sus antepasados a través del color, la música y la unión”, reflexiona.
Para completar el tema, Paschburg invitó al guitarrista Tal Arditi, cuya contribución se convirtió en la voz unificadora de la pieza. “Cuando se la puse a un amigo, me señaló que podría faltarle una guitarra, así que invité a Tal, quien añadió una capa que le dio vida a la obra”, explica. La guitarra evoca la celebración y se convierte en un sonido que trasciende la memoria.
En Mexican Alps, Niklas Paschburg abre un portal sonoro en donde el pulso vibrante de Oaxaca y la serenidad de Suiza convergen para tejer la memoria personal en un paisaje sonoro universal. A través de pistas que se desarrollan como capítulos, su música trasciende la geografía y la cronología e invita a la audiencia a un mundo donde el contraste se vuelve conexión y cada nota resuena como un viaje a través de montañas y recuerdos.