Ola Kvernberg: la arquitectura emocional de Steamdome III
Ola Kvernberg, creditos: Olavsfest

Ola Kvernberg: la arquitectura emocional de Steamdome III

Un sello distintivo de la creación artística es convertir la ausencia en un elemento central de la obra. En el caso de la música instrumental, donde no hay palabras, la audiencia se enfrenta a una dualidad: imaginar qué pasaba por la mente del compositor en el momento de la creación e integrar las composiciones en su propio universo, donde las notas se expanden y contraen a voluntad. En la inexistencia reside la riqueza para quienes abrazan la curiosidad como forma de vida.

Portada del disco Steamdome III: Beyond The End
Steamdome III: Beyond The End 2024

La figura narrativa nunca se ha limitado a los versos. A través de sus composiciones, Ola Kvernberg demuestra que las emociones pueden amplificarse mediante diversos instrumentos musicales. “Mi ambición es crear música que resuene mucho más allá de una sola audiencia”, explica. “Con Steamdome III: Beyond The End, aspiro a que este viaje conecte con un público más amplio: quiero actuar como un traductor entre mundos musicales. Aprovecho mi experiencia en el género clásico y otros estilos para aplicar ese conocimiento y así evocar respuestas emocionales profundas. Si a la gente se le pone la piel de gallina eso lo significa todo para mí”.

Para comprender la importancia de este trabajo debemos mirar hacia atrás, al año 2016. “El primer Steamdome, que eventualmente se convirtió en Steamdome I, fue un proyecto de tiempo limitado que reflejaba lo que me interesaba en aquel entonces. Sin embargo, después de quizás 20 o 30 conciertos se hizo evidente que este era mi nuevo proyecto artístico”. Tras ocho años de progresión continua, Ola presenta la tercera parte de esta serie con un elemento crucial: la participación de la Orquesta Sinfónica de Trondheim. “Esa decisión trajo un torrente de ideas porque tener una orquesta a mi disposición era el sueño de toda una vida”.

Steamdome III posee los elementos necesarios para convertirse en la banda sonora de cualquiera que esté dispuesto a expandir sus horizontes musicales. “Aunque tiene elementos familiares, espero que lleve a la gente a lugares inesperados que incluso puedan llegar a disfrutar”. El álbum se divide en tres partes, donde tanto la orquesta como la banda transitan de la oscuridad a la luz y de lo futurista a lo místico. “El primer movimiento es The Purple Jack; consta de seis partes, pero lo veo como un todo. Estas piezas se inspiraron en el hombre más alto del mundo, Robert Wadlow, que vivió en la década de 1920 y medía 2,72 metros. Purple Jack es un tipo alto y delgado, a partes iguales aterrador y divertido. Lleva un sombrero y carga un maletín. Toda esta sección trata sobre él llevándote de viaje, sin importar lo que el nombre de Purple Jack signifique”.

Es curioso que un movimiento con una estructura musical tan compleja esté inspirado en la estatura de un hombre que vivió hace más de 100 años. Sin embargo, esa figura alta y misteriosa lo protege de los límites creativos a la hora de escribir. “Componer a menudo se siente como perseguir al conejo blanco: incierto pero siempre lúdico”. Han pasado muchos años desde que Ola Kvernberg empezó a tocar canciones con el violín, pero se esfuerza por mantener el espíritu que lo acompañó durante aquellos años. “La importancia de divertirse en la música me remite a cuando era niño. Practicaba mucho y luego iba a reuniones de música folclórica solo para tocar y aprender melodías de las personas mayores en los festivales. Eso era lo más divertido que hacía, básicamente improvisar con ellos. Ser adulto ya es suficientemente serio, así que me aferro a la idea de que no hay razón por la que la música no pueda ni deba ser divertida”.

El sentido de pertenencia es crucial para los músicos. Cuando los intérpretes sienten una conexión personal y una comprensión de lo que están tocando, la calidad de la música mejora significativamente. Este sentimiento no solo perfecciona la ejecución, sino que también resuena de manera más profunda en la audiencia.

Consciente de las posibilidades y limitaciones inherentes de la música instrumental, Ola experimenta con estructuras rítmicas para cautivar a su audiencia. “La función de Intermezzo, el segundo movimiento, era despejar el ambiente y permitir un respiro tras la complejidad de las piezas anteriores. A medida que se desarrolla, incorpora claras referencias a ritmos latinoamericanos, lo que le otorga un aire más tradicional. La pieza tiene una esencia de música de ascensor que algunos podrían considerar negativa; sin embargo, mi intención era que sonara como la banda equivocada tocando en la boda equivocada. Hay una sección en el medio que lo agita todo, asegurando que no termine siendo simple música de fondo”.

Amplificar las emociones y elaborar la atmósfera sonora son elementos fundamentales en el proceso creativo de Kvernberg. “Al musicalizar películas he aprendido a aplicar ciertos dogmas —como las duraciones exactas de las piezas y los marcos emocionales dictados por lo visual— a mis propios proyectos”. Estas reglas coexisten armoniosamente con el elemento trascendente de la espontaneidad. “El jazz lo significa todo para mí. Al crecer en una familia de música noruega folclórica, estudié diligentemente el violín clásico, pero descubrir el jazz fue un avance personal. La libertad y la curiosidad inherentes al jazz en su sentido más amplio como música improvisada han sido transformadoras. Me han llevado a explorar proyectos diversos y poco convencionales, exponiéndome a música con la que resueno profundamente. Tocar jazz me ha permitido colaborar con músicos con los que nunca antes había trabajado”.

Mientras que la composición otorga tiempo para refinar y perfeccionar, la improvisación empuja a crear en tiempo real y permite que el público forme parte de una interpretación única que nunca se repetirá. “Mi relación con la audiencia es muy similar al concepto de propiedad del que hablé entre los músicos en el escenario. Idealmente todos —tanto músicos como miembros del público— sentirían un 100% de propiedad sobre la actuación. Aunque esto es poco realista, es una meta aspiracional que guía mi enfoque”.

Dentro del lienzo musical del multinstrumentista noruego hay un punto de refracción donde es posible percibir todos los colores que conforman su paleta creativa. Es allí donde todos los instrumentos y máquinas se unen para dar forma a esta epopeya sonora. Monolith fue la primera pieza que cobró vida cuando empecé a escribir el álbum”, añade. “Mi objetivo inicial era encontrar el límite máximo: ver hasta dónde podía estirar esta fusión entre la orquesta y la banda y hallar el punto de masa crítica. Quería llegar a la parte más roja del espectro, descubrir dónde estaba el máximo. Así que esencialmente ese es el último movimiento”.

A través de la libertad y la curiosidad, Ola Kvernberg evita la repetición. Se asegura de que cada álbum de la serie habite un universo compartido, ofreciendo al mismo tiempo condiciones musicales únicas. La belleza de Steamdome III: Beyond The End reside en su complejidad tejida en ritmos y melodías que nos invitan a adoptar la música como si fuera la banda sonora que necesitamos para narrar nuestras vidas.

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