Patricia Brennan: las constelaciones convertidas en jazz
Existe una belleza particular en el acto de interactuar con lo infinito. De un momento a otro, el tiempo y la distancia se vuelven conceptos efímeros y miles de millones de años o kilómetros convergen en una sola expresión humana. La vastedad del cosmos se convierte en el espejo del alma y el arte se transforma en una realidad tangible. La oscuridad del universo no es un vacío; es un espacio donde se formulan las preguntas más importantes… preguntas que aún aguardan respuesta.

El arte permanece como el puente que nos conecta con aquello que parece inabarcable. A través de la creación artística, es posible participar en la eterna conversación humana sobre nuestros orígenes, definiendo o dejando espacio para lo desconocido. Esta búsqueda pertenece a Patricia Brennan, vibrafonista, percusionista y compositora, pero quizás más importante aún, una buscadora. Su exploración de los misterios celestiales encuentra voz en Of the Near and Far, un álbum nacido de una curiosidad que se niega a permanecer en la tierra. “Los seres humanos, en general, estamos asombrados por el cielo”, reflexiona. “Hay algo en esas viejas preguntas sobre de dónde venimos y qué estamos haciendo aquí. Mirar hacia arriba nos da la esperanza de encontrar las respuestas. Todavía no hemos podido hallarlas y no creo que podamos hacerlo en nuestra vida”.
El horizonte que dio forma por primera vez a este diálogo no surgió del concreto de la Gran Manzana, sino de las aguas oscuras de un puerto mexicano. Para Brennan, existe una marcada diferencia entre la proximidad geográfica y la conexión espiritual. “Veracruz, donde crecí, tiene un lugar realmente especial en mi corazón. Hay algo en el puerto, un elemento particular y especial: la conexión con el agua y el abismo. Por la noche, es casi como si el cielo y el agua se volvieran uno solo y eso siempre fue fascinante e intimidante para mí al mismo tiempo”. Aunque Nueva York es técnicamente una isla, sus edificios actúan como una barrera sensorial: una capa artificial que interfiere con la llamada de las profundidades. “Cuando escribí este disco, trabajé un poco en él en Nueva York, pero aunque aquí estamos rodeados de agua, realmente no se percibe. Se siente muy artificial; puedes sentir el cemento a tu alrededor”.
“El arte siempre está interconectado con quién eres, dónde estás en la vida y cuál es tu lugar en el universo”. Patricia rechaza la idea simplista de que mirar las estrellas es un ejercicio académico y distante. En cambio, percibe la magnitud del universo como una herramienta para la autoexploración. “Suena muy esotérico, pero es una calle de doble sentido: si creces como ser humano, tu arte también crece y viceversa. Todo vino del cielo, pero al mismo tiempo me ayudó a trabajar con cosas internas, muy microscópicas si las comparas con la escala del cosmos”.
El trabajo de Brennan está arraigado en la lógica inquebrantable de un laboratorio, buscando demostrar que lo cósmico y lo musical se entrelazan a través de las leyes de la física. “Creo que todo está conectado, no solo de forma sentimental, sino realmente científica. Uno de los objetivos detrás de este proyecto era probar la teoría de que las constelaciones podían convertirse no solo en material sonoro, sino también en estructuras que tuvieran sentido dentro del lenguaje musical. Para mí, fue realmente asombroso cuando empecé a ver ese tipo de relaciones”.
Durante el verano de 2024, Patricia desarrolló un proceso para extraer datos numéricos directamente de los astros, superponiendo la morfología de las constelaciones sobre el círculo de quintas —el mapa fundacional que los músicos emplean para organizar las tonalidades—. Se encontraba a la caza de la simetría: si una constelación lucía armónica en el firmamento, ¿resonaría con equilibrio al convertirse en acorde? Al mapear estas coordenadas celestiales sobre el espectro musical, Brennan descubrió nuevos cúmulos de notas y tonalidades que emergieron enteramente de la posición de las estrellas y no del lenguaje musical tradicional.
Este rigor científico crea una dinámica entre lo calculado y lo caótico. Desde su perspectiva, las matemáticas no pretenden ser frías, sino capturar la misma armonía que se encuentra en el espíritu humano. En Of the Near and Far, existe una clara montaña rusa entre el caos y la calma. “Ese contraste está dentro de todos nosotros. En cualquier momento podemos pasar de la tranquilidad al desorden. Musicalmente hablando, siempre busco ese equilibrio entre la tensión y la liberación. En mi música, busco esa estabilidad no solo en el flujo general, sino incluso en la escritura microscópica de un simple ritmo de batería. Intento ser muy consciente de la relación entre la armonía y la melodía”.
Para aquellos que creen que el jazz no es más que matemáticas, Patricia ofrece una respuesta contundente. Ella ve la música como una extensión de las matemáticas, donde el ritmo se convierte en una secuencia de números y la emoción en una reacción a las frecuencias. “Científicamente, hay una razón por la que todos respondemos a un acorde menor de la misma manera: tiene que ver con las frecuencias. Un acorde menor existe dentro de un rango de frecuencia particular que resuena con nosotros de una forma específica”. El vibráfono se convirtió en su telescopio: una herramienta para continuar con la capacidad de asombro, la cual le exige nunca dejar de buscar el próximo descubrimiento. “Siempre hay una sensación de exploración; constantemente intento comprender las cosas. Mientras más avanzo en mi carrera, más recurrente se vuelve el pensamiento de: ‘Dios mío, todavía tengo tantas cosas que resolver’. Lo mismo sucede detrás del telescopio. Hay una cierta curiosidad, esa urgencia por descubrirlo todo ahora mismo”.
Esta búsqueda incansable terminó por forzar un enfrentamiento con su propia naturaleza. Para traducir plenamente la simetría de las estrellas, Brennan tuvo que desmantelar la mentalidad calculada forjada por su formación clásica. Al hacerlo, la música misma se convirtió en un catalizador para su evolución personal. “Cuando me mudé de México a Filadelfia, sabía que quería improvisar. Al principio, se sentía como lo opuesto a mi personalidad; yo tenía que planificarlo todo. La improvisación me permitió relajarme. Como dije, la música y el crecimiento humano están interconectados”. Ahora, ella se sube al escenario no para ejecutar un plan, sino para nutrir un diálogo. “Para mí, la improvisación es una reacción pura e instintiva a lo que se te presenta”.
Afortunadamente, compartimos el mismo tiempo y espacio que esta música; no como observadores distantes, sino como testigos. Of the Near and Far no pide ser medido ni explicado; pide ser experimentado. Se erige como una de esas obras que nos recuerdan por qué escuchar todavía importa; por qué el sonido puede orientarnos cuando la certeza se disuelve. Incluso si la luz se desvanece e incluso si nos adentramos en el abismo, las armonías y melodías de Patricia Brennan ofrecen otro tipo de guía. Porque a veces, como ella comprende tan profundamente, la falta de luz visual proporciona, en realidad, una iluminación diferente.