Ryan Middagh: reimaginar los clásicos, honrar la tradición
Uno de los elementos intrínsecos de la apreciación artística es la reinvención de una obra. La fantasía de imaginar cómo una pieza puede ser elevada o reimaginada es universal y accesible para todos; sin embargo, solo unos pocos poseen la capacidad de transformar con éxito aquello que el público ya ha consagrado como un clásico. Quienes logran subvertir los estándares comparten una suerte de alquimia: han nutrido su espíritu creativo con el asombro y entienden que la maestría no surge de la perfección, sino del diálogo infinito entre la práctica y la curiosidad.

En el corazón de esta reinvención reside la posibilidad de que, en este mismo instante y en algún lugar de Nashville, Ryan Middagh esté ideando una forma de potenciar el impacto de algún otro tema clásico: "Como arreglista, busco proponer algo diferente y único con un estándar; algo que resulte refrescante pero también accesible. La música que escribo está pensada para el disfrute de los aficionados al jazz, aunque también aspiro a que quienes no suelen escucharlo conecten con ella. De vez en cuando escribo algo sumamente esotérico, y eso es divertido, pero en realidad, tener una big band y ser músico se trata de establecer un vínculo con el público". Sus palabras resuenan profundamente en las composiciones de su segundo álbum, Tenor Madness, con el cual deja claro que su propuesta no solo busca honrar la tradición, sino introducir una visión moderna que atraiga a quienes persiguen nuevos horizontes sonoros.
Detrás de las seis pistas de Tenor Madness convergen dos ejes fundamentales de los que Middagh extrae su inspiración: Nashville y el saxofón. Estos elementos trascienden el entorno geográfico y el instrumento per se; son el reflejo de la escena musical que mejor conoce. En sus palabras: "El jazz en Nashville está más vivo que nunca. Ha sido gratificante formar una big band —mi orquesta de jazz— en esta ciudad. Considero a mi grupo casi como una formación colaborativa, pues escribo música específicamente para las personas que la integran. Tengo la fortuna de que cada miembro aporte una voz única. Por ejemplo, no existe un sonido unidimensional de Nashville para un saxofonista y, al ser este un disco centrado en dicho instrumento, se puede apreciar la distinción de cada intérprete".
Este sentido de individualidad y energía colaborativa se manifiesta no solo en la participación de saxofonistas de la talla de Alex Graham, Jovan Quallo, Jeff Coffin, Don Aliquo, Joel Frahm, Kevin Shinskie y Jimmy Bowland, sino también en el espíritu del título del álbum, que rinde un sutil homenaje al icónico disco Tenor Madness de Sonny Rollins, un hito indiscutible en la evolución del instrumento.
Middagh es reconocido como compositor, arreglista y saxofonista barítono; sin embargo, la audiencia coincidirá en que también es un maestro de la curaduría, capaz de amalgamar los elementos precisos. "Pienso constantemente en mis músicos y en cómo van a brillar. En la pieza Tenor Madness, el público podrá notar que la sección de solo para Joel Frahm es muy distinta a la de Jeff Coffin. Trabajé en la organización de sus intervenciones para que resaltaran sus personalidades musicales únicas". Como líder de banda, su labor trasciende la identificación de talentos que armonicen entre sí; busca, ante todo, creadores ávidos de colaborar y consolidarse como una unidad cohesiva.
Una vez que Ryan define qué músicos participarán en cada pista, comienza el proceso creativo. "Mi punto de partida está en la mente, donde intento obtener la imagen más amplia posible de la pieza. Una vez que la idea madura, comienzo a escribir; sigo un proceso en el cual mapeo el panorama general de la composición o el arreglo. Esto incluye aspectos formales como la introducción, la orquestación y la estructura, descritos con palabras en lugar de notación musical". Y añade: "En otra hoja anoto objetivos, influencias o elementos estilísticos que deseo incorporar. Es como una paleta de colores de la que puedo extraer recursos, manteniéndome enfocado en el carácter de la obra". En su mapa mental, cada matiz de la canción adquiere una justificación. Por ejemplo, en el arreglo de Waiter, Make Mine Blues, junto a Jenna McLean, incluyó anotaciones como bluesy, muchos rangos vocales y solo de trompeta a cargo del líder.
Para mí, el jazz es un paraguas verdaderamente inclusivo, uno que abraza una variedad de influencias y caminos dentro de esta forma de arte.
El equilibrio entre las notas prescritas y la improvisación es genuino y cada pieza está impregnada de un factor sorpresa: lo que Ryan denomina tensión y liberación. Según explica: "Deseo añadir tanto color como sea posible a mi música; me concentro en la tensión. Por ejemplo, en el arreglo de This Time the Dream’s On Me, especialmente en la introducción donde destaca Jeremy Wilson al trombón, cada voz añade un matiz diferente, capa por capa. No es una orquestación tradicional; construyo la tensión con delicadeza, sumando voces sutiles para crear algo único".
Middagh sostiene que cuando los arreglistas o compositores se alejan de la interpretación, pierden la perspectiva del músico. Desde su posición como intérprete, donde también reimagina la música, no existe una disociación con su vida personal: "Siempre había querido arreglar This Time the Dream’s On Me por diversas razones. Pero al asumir mi realidad como padre, reflexioné sobre la letra de esa melodía y todo cobró sentido. Se sintió como la clase de canción de cuna que un padre cantaría a su hijo. Trata sobre soñar con la vida que vendrá y anhelar lo mejor para tus hijos. Concibo ese arreglo como una canción de cuna para ellos". Esta convicción moldea su forma de reimaginar el arte y se refleja en esta reinterpretación profundamente personal de un estándar transformado en un tema infantil.
Con Tenor Madness, Ryan Middagh ha construido un puente que permite transitar entre el presente y el pasado. Los músicos que lo acompañan han convertido estas versiones en candidatas potenciales a ser los próximos clásicos. Es un tributo no solo a Nashville y al saxofón, sino, fundamentalmente, a la imaginación que se atreve a creer que las piezas excepcionales pueden ser reinventadas a través de nuevos ritmos, melodías inventivas y métricas frescas.