Sasha Berliner: Fantôme, una apuesta por la libertad sonora
Afortunadamente, las restricciones continúan desvaneciéndose del universo sonoro. En un acto de imaginación, el músico y la audiencia se funden en un pacto íntimo donde las definiciones y categorizaciones se disuelven. ¿Por qué debería alguien confinar el flujo de emociones que evoca una pieza a la finitud de unas pocas palabras cuando cada escucha provoca algo enteramente nuevo? Del mismo modo, el compositor debe expresarse con una libertad profunda hasta reconocer su verdadero ser en la obra, sin las ataduras de los límites del género. La música es un acto vivo, no una definición estática.

En medio del paisaje musical actual, emerge un álbum que escapa de la presión ilusoria de encajar en el molde de las normas estilísticas. “La premisa de Fantôme, mi nuevo álbum, trata sobre desafiar la estricta categorización de los géneros musicales”, revela la vibrafonista Sasha Berliner, quien utiliza el título como una metáfora de los límites artificiales impuestos al arte. “El idioma básico es el jazz —hay improvisación y una melodía principal—, pero las influencias y la paleta sonora van mucho más allá de este género”.
El sonido que emiten los mazos contra el vibráfono sugiere que cada encuentro con la música puede ser un acto de renovación y descubrimiento personal. “Mi escritura tiende a ser muy apasionada y emocional, pero también puede ser densa y reflexiva. Suelo componer hacia el lado más oscuro”, explica Berliner. “Es un reto positivo para mí intentar escribir música feliz y animada, o al menos inclinarme en esa dirección. Solo intento capturar toda la gama de la experiencia humana”.
A lo largo de las seis canciones emerge un espectro de ambientes y matices emocionales. “Disfruto desafiar a la audiencia, animándolos a escuchar resoluciones que no esperaban o momentos que les hagan pensar: Espera, ¿qué acaba de pasar ahí?”. Fantôme es, en esencia, un reflejo de su mundo interior traducido al formato musical. “Como seres humanos, transitamos todo tipo de emociones y procesos de pensamiento; por ello, ¿cómo canalizas todas esas vivencias en la música instrumental? Vuelvo a esa pregunta todo el tiempo”.
Sus composiciones no existen aisladas de la realidad global. Las emociones brotan de diversos contextos, incluyendo la tragedia de un genocidio: Jan Yunis, ciudad en Palestina, da nombre a la segunda pieza del álbum. “La política y lo que ocurre hoy en el mundo son grandes influencias; son cosas a las que quiero responder y eso también ha sido así en mis álbumes anteriores”. Su objetivo de suscitar interrogantes se cumple. ¿Cómo se puede articular un diálogo delicado donde los instrumentos coexistan con belleza cuando el trasfondo es la guerra? Cada uno de los escuchas hallará una respuesta distinta tras escuchar a Taylor Eigsti al piano, Harish Raghavan al bajo y Jongkuk Kim a la batería, fundiéndose con el vibráfono y los sintetizadores de Sasha.
La capacidad de asombro permanece viva y en constante evolución. Berliner creció rodeada de literatura y pasaba las noches descubriendo clásicos del cine junto a sus padres.“Soy una gran aficionada al cine negro y de suspenso. La última pista, Private Investigation, se basa en la película Chinatown, un clásico que me encanta”. Su proceso creativo no se confina al piano o al vibráfono; las melodías, los ritmos y las emociones emergen de un espectro vasto de inspiraciones. “También escribo mucho sobre espiritualidad: pienso profundamente en nuestra existencia en esta tierra y en por qué estamos aquí. La psicología y la filosofía me interesan mucho. Suelo escribir más música sobre esos temas porque son vastos y ofrecen un terreno infinito para la exploración”.
Fantôme es un retrato vívido de su determinación como líder de banda. Su sensibilidad como curadora brilla en la cuidada secuencia de las piezas, ofreciendo a la audiencia espacios de respiro tras arreglos densos o texturas intrincadas. Esta atención al pulso narrativo se complementa con su apertura a la colaboración; además de su conjunto principal, invitó a David Adewumi en la trompeta, Rico Jones en el saxofón y Lex Korten al piano para expandir el lienzo sonoro.“Obtengo nuevas ideas basadas en lo que sucede en el estudio”, afirma. “Por ejemplo, puedo modificar ciertas secciones o incluir instrumentos como las percusiones, algo que decidí en el momento de la grabación. Una vez que tuve la mezcla preliminar, escuché y añadí elementos para evaluar qué encajaba y ayudaba a amplificar la esencia de la canción”.
Para Berliner, ejecutar el vibráfono exige una profunda calma interior. Según explica, esa serenidad es vital al encarar a la audiencia. “Reflexiono sobre lo que debo expresar y lo que el público podría necesitar. Si yo estuviera entre la audiencia, ¿qué querría escuchar?”. Esta mentalidad reflexiva se extiende de forma natural a su práctica de la improvisación. “La gente habla de componer al momento, pero para mí es más que simplemente descargar el cerebro o decir lo que sea que tengas en mente”, continúa. “La improvisación habita en un espectro que depende de la solidez de la estructura. Se trata de dar forma a una idea en el presente. ¿Cómo introduces un solo dentro de un marco determinado, mediante cambios de acordes o una estructura rítmica? ¿Cómo juegas con lo que sucede en el instante, en lugar de confiar en algo ya escrito?”.
A veces, los detalles estéticos, las referencias culturales y las armonías sombrías parecen pender de un solo vínculo suspendido en el aire; es entonces cuando Sasha Berliner vuelve a la raíz de su música. El vibráfono se entrelaza delicadamente con las voces de su ensamble, desplegándose más allá de las estructuras del género jazzístico. Fantôme se resiste a la clasificación, libre de ataduras temporales o términos académicos. Es un álbum que respira, cuestiona y perdura mucho después de que se extingue la última nota.